La amistad

La amistad en la infancia es esencial para aprender a relacionarse, es necesaria para vivir y sentir. Pero, ¿qué ocurre al hacernos adultos? ¿puede una amistad ser eterna?

1/15/2026

Esta mañana, mientras vigilaba al pequeño en sus carreras matutinas por el patio del cole, con el rabillo del ojo observaba al mayor conversar con uno de sus amigos metidos en la casita del patio. Estaban muy concentrados e interesados en su conversación y no he podido evitar preguntarme de que hablaban…cuando de golpe me ha venido a la cabeza la pregunta: ¿seguiría tan viva esta amistad dentro de diez años?

Es cierto que, hasta este momento, me he dado cuenta de que los niños juegan con todos casi sin ningún tipo de elección ni filtro, pero hoy viéndolos con esa complicidad he comenzado a pensar que mi hijo mayor está a punto de entrar en esa etapa en la que los amigos comienzan a convertirse en una pieza clave en tu vida.

Y es que, a partir de aquí, jugar juntos se convertirá en lo más importante del día, los cumpleaños serán todo un acontecimiento, las muestras de cariño un apoyo diario y los enfados catástrofes mundiales. En la siguiente pantalla de la crianza, la elección del compañero de autobús será algo totalmente vinculante y el orden para jugar un partido de futbol le llevará a estar algunos días cabizbajo. Terminando este recorrido, en esa maravillosa etapa que es la adolescencia y que nos recordará a los terribles dos, pero en la que los cambios de humor y los lloros no se pasaran tan rápidos, pero sí con los mismos abrazos.

Así vivirán unos años paseando y descubriendo el significado de la palabra amistad con todos sus matices y recovecos. Amistades que parecerán ser lo más importante de sus vidas durante estos años, pero que poco a poco descubrirán que no todas lo son.

Personalmente, os diré que no creo en absoluto en esas frases que proclaman la verdadera amistad como algo perdurable o que los amigos de la infancia pueden durar eternamente. A lo largo de mi vida, he ido comprobando poco a poco que la amistad, en general, es algo pasajero y volátil. Una relación que aparece en un momento concreto con personas concretas con las que tienes algo en común, algo vital, como el cole, la universidad o el trabajo, pero que cuando estas etapas terminan y la vida de cada uno toma rumbos distintos, los caminos se separan y los encuentros se distancian tanto que acaban por desaparecer.

Pese a que esto es la tónica común en la mayoría de los casos, en ocasiones hay relaciones que resisten a estos factores, quizá hay una línea imaginaria que nos une con ciertas personas, que nos permite estar enlazados a su vida y, que, aunque estemos mucho tiempo sin verlas, sabemos que están ahí y que si algo grave pasara correrían a rescatarnos. No importa si lo que ocurre es un desengaño amoroso o una DANA que lo arrasa todo, los amigos de verdad no se lo piensan, solo acuden.

Os confesaré también, que no considero amigos a muchas personas, como se suele decir, “se cuentan con los dedos de una mano” y a mí, me sobran dedos. La verdad es que tengo suficiente con dos hermanas que también son mi familia —no se si esto cuenta como amistad, pero yo lo siento así— dos personas que siempre están para todo, con las que compartí muchísimo en la infancia, con las que ahora, comparto alegrías y penas de la maternidad y la crianza y con las que seguro que siempre seguiré compartiendo millones de cosas distintas. Y también con alguien muy especial, un amigo que ha sido testigo de mucho y al que debo, sin duda, haber conocido al que es mi mejor amigo con mayúsculas y mi compañero de aventuras.

Hoy me siento con suerte, porque tengo la certeza de que ellos siempre estarán, pase lo que pase. Pero no siempre ha sido así, la vida y el paso del tiempo me han llevado a conocer a personas que, pareciendo amigos, no lo ha sido. También he vivido experiencias amargas que han añadido piedras a esa mochila imaginaria que todos llevamos y con la que recorremos el camino de la vida.

Y es por esto por lo que esta mañana, mirando a mi hijo mayor, he cerrado los ojos y he deseado con todas mis fuerzas que descubra la amistad sincera, que conozca a muchas personas y que al final encuentre a aquellas cuya relación resista al tiempo y a las circunstancias. Ojalá descubra personas en las que pueda confiar de verdad y a las que pueda llamar amigos, como hicieron sus padres.