Navidad, niños y juguetes
En Navidad nuestros hijos reciben muchísimos regalos, tantos que a veces no saben ni a que jugar. Gestionar esta sensación es todo un reto para nosotros y enseñarles a valorar lo que tienen toda una aventura.
12/11/2025


¡Feliz Navidad! Sí, sí, ya estamos ahí. Lo que quiere decir que Papá Noel y los Reyes Magos están ultimando sus regalos, repasando listas y comprobando stocks para que todo esté preparado y listo para esos días. Y es que no sé si es mi generación o los Reyes siempre han estado igual de liados y estresados.
Me encanta hacer de Paje Real buscando el regalo perfecto, aquello que sé que les hace ilusión tener y que han escrito en sus cartas. Pero he de reconocer que tengo la sensación de que cada año nos excedemos un poco más con los regalos de los niños.
Creo sinceramente que esta generación además de estar estimulada hasta el agotamiento también recibe regalos en exceso de forma generalizada. Soy consciente de que puede sonar a tópico, pero creo que es una realidad que acabará explotándonos en la cara tarde o temprano.
Es por esto por lo que hace un par de años intenté que mis hijos recibieran solo los diez regalos que habían escrito en su carta a los Reyes Magos y así luchar contra esta sensación que tenía tan presente…fue imposible. Pero pensé que tampoco podía hacer enfadar a los Reyes, no se lo merecen.
Así que en estos días previos al aluvión de regalos me pongo manos a la obra —como jefa de logística de casa— para organizar la habitación de juegos y decidir dónde vamos a meter todo lo que está por llegar. Y es que aún me sorprende la idea de que mis hijos tengan una habitación de juegos…porque os aseguro que no vivimos en una mansión ni somos multimillonarios. Y no somos los únicos porque he podido comprobar como otros niños de su entorno también la tienen. Y la tienen porque los juguetes, literalmente, no caben en la misma habitación en la que duermen y en la que tienen su armario con su ropa, no me quiero imaginar cuando haya que montar los escritorios para que estudien y hagan deberes, es físicamente imposible meterlo todo ahí.
Recuerdo que cuando era pequeña ni yo ni ninguna de mis amigas teníamos habitación de juegos y no la teníamos porque nuestros juguetes cabían de sobra en nuestra habitación, en un rincón, en un armario, en un cajón debajo de la cama y deja de contar. Ahí estaba todo.
¿Estamos equivocándonos en algo? ¿Necesitan los niños de hoy en día tantísimos juguetes? ¿Eso hace que se desarrollen más? ¿Que sepan hacer más cosas? ¿Les hace esto más felices?
Creo sinceramente que vivimos en una época en la que los estímulos nos atropellan sin que ni siquiera escuchemos el ruido del motor. Las redes sociales nos inundan de información, la televisión tiene infinidad de canales y también tenemos cientos de plataformas en la que vemos lo que queremos y cuando queremos. En una era en la que la información y la distracción la tienes en la palma de la mano, ¿Qué podemos ofrecer a nuestros hijos para que el mundo les siga pareciendo atractivo?
En mi opinión, la clave está en ofrecer pocas cosas, pocos estímulos para que ellos sean quienes creen e imaginen, es así como su cerebro se desarrolla. A veces, los observo jugar juntos desde una esquina y aunque tienen un juguete entre las manos, es algo pequeño, de poco valor económico, pero inventan, hablan y se ríen. Y entonces pienso que no está todo perdido que aún les queda algo de la forma de jugar de antaño, de la forma de jugar de mi abuelo, que tantas veces ha contado, donde la esencia estaba en la calle, en el campo, en los otros niños.
Aun así, en ocasiones no puedo evitar ponerme algo nerviosa y me da un poco de pena cuando mi hijo mayor me dice: “no sé con qué jugar”. Tiene la habitación llena de cosas, pero no sabe con qué jugar, tiene tantos estímulos que no sabe dónde focalizar su atención…y aquí me siento algo perdida.
Por eso ahora que llega la Navidad y los Reyes Magos están a punto de inundar mi casa con juguetes de todo tipo me pongo a temblar, no solo por pensar donde voy a meterlo todo, sino porque he de ponerme a pensar y trabajar para que los dos peques valoren cada juguete y cada objeto porque detrás de ellos hay mucho esfuerzo, no solo económico, sino también emocional y, sobre todo, mucha ilusión, claro está que esto aún no puedo confesárselo.


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